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Cinco pseudoquimeras del orbe

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Cinco pseudoquimeras del orbe

El cuchivilo

Foto: Alejandro Molina

Llamados así por su parecido con la quimera, monstruo hijo de Tifón y Equidna según la mitología griega , son seres compuestos de partes diversas que causan horror a quienes tienen la desgracia o la fortuna de observarlos, como el endriago. Han existido en todas las mitologías del orbe, e incluso más allá de la leyenda, si nos atenemos a la gran cantidad de avistamientos que ocurren año a año en diversas partes del mundo. Aquí va un compendio de cinco seres fabulosos que sin embargo han sido avistados múltiples veces en las inmediaciones de sus lugares de origen.

La cuyancúa:

Ser mitad cerdo y mitad serpiente, habita en ríos y lagos de El Salvador y es muy apreciado por los pescadores de ese pequeño país sudamericano, ya que su presencia provee de gran cantidad de presas. Sin embargo, si el hombre se comporta mal y se hace con mayor cantidad de peces que la que le es necesario consumir, la cuyancúa puede provocar fatales inundaciones que acaban por perjudicar los parajes destinados a la pesca. Muchos de entre quienes la ha visto aseguran que es posible verlas desplazarse en grupos de una media docena de individuos.

El each uisge:

No sólo el mítico monstruo del Lago Ness se pasea por los lagos escoceses, sino que esta criatura, mitad hombre y mitad caballo, lo hace con absoluto desparpajo en lo que toca a su relación con los seres humanos, ya que al contrario de Nessie, el each uisge es amigable y no son raros los casos en los que busca la compañía de los hombres. Se lo conoce también como el hombre hipocampo. Al parecer, el origen de este ser tiene que ver con una secreta historia de amor interrumpido que dio origen a esta curiosa especie, pero nada aún se ha logrado saber de estas particulares criaturas.

El guallipén:

Ser del que se cuentan las leyendas más increíbles, el guallipén posee el cuerpo de una oveja, la cabeza de un ternero y las patas deformadas producto de sus hábitos acuáticos. Se lo describe como manso y contemporizador en tierra, pero muy celoso de su territorio y hasta agresivo en el agua. El guallipén es especialmente temido por los criadores de ganado, ya que posee la malsana costumbre de cruzarse con las hembras y provocar descendencia tan desagradable y deforme como sí mismo, por lo que es objeto de cacería, especialmente en tierra, que es cuando se encuentra más indefenso. Al igual que muchos seres de las mitologías sudamericanas, se le adjudica el poder de arrojar, quizás involuntariamente, maleficios sobre las mujeres embarazadas, la que dan a luz a hijos que padecen todo tipo de malformaciones y enfermedades. Sus guaridas están emplazadas en la región central y sur de la Patagonia.

El juancaballo:

Criatura mitológica proveniente de regiones españolas, el juancaballo es, sencillamente, un centauro, pero a diferencia de la versión clásica de éste, que podía ser un espécimen dotado de extraordinarias habilidades e intelecto, el juancaballo es acusado de ser una especie salvaje y de hábitos primitivos, llegando incluso a carecer de habla y de presentar un aspecto descuidado y macilento. No se han reportado ataques al hombre (aunque ciertas literaturas aseguran que pueden tornarse agresivos en su busca de alimento), pero si al ganado, razón por la cual su visita no es bien recibida por los pastores. El juancaballo vive en grutas y cavernas, en los montes, alejado de la vista de la civilización.

El cuchivilo:

Amalgama entre un cerdo y una serpiente, como lo es la cuyancúa tratada en este mismo artículo, no puede decirse que el cuchivilo, nativo de las zonas chilenas, sea una criatura bella. No se trata de un especie peligrosa en sí misma, pero su comportamiento fragoroso y apariencia repulsiva lo convierten en indeseable. Posee, además, dos propiedades nocivas: una es la que lo lleva a invadir los criaderos de peces para acopiarse de alimento, destruyéndolos para lograr su cometido. La otra es una suerte de enfermedad, a la que es inmune, pero que puede contagiar, y que consiste en una clase de úlcera epidérmica que se adquiere si se tiene la desgracia de tomar un baño en las mismas aguas en las que ha nadado el cuchivilo.

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