Un hombre muere, pero es consciente de que ha muerto y puede observar, aunque impotente, las circunstancias que rodean a su deceso y su entierro. Luego, es despertado de ese sopor a medias por el tronar de tambores y fórmulas mágicas, encadenado, y privado de su voluntad es obligado a trabajar como esclavo en una plantación. ¿Realidad o fantasía? En Haití, esta forma de librarse de personas molestas o de enemigos parece ser moneda corriente: sólo basta pagar el precio convenido (muy alto, generalmente) a un bokor o hechicero y esperar su infalible resultado. Ése es, al menos, el caso que nos ocupa en lo que fue la vida de Clairvius Narcisse. No te lo pierdas.

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